martes, 16 de diciembre de 2008

La Aduana


Esta mañana acompañé a mis padres a San Carlos, la finca que tiene mi familia en la sierra, llamada comúnmente La Aduana. El sitio está abandonado y se ha convertido en una jungla. Los ladrones expoliaron hasta las tejas, y regularmente entran para robar los frutales. Se puede ver el estado actual aquí.

Cuando nos íbamos nos topamos con un par de estos robaperas. Un señor mayor y un chaval con gafas molonas. Cuando les pedimos que se fueran nos dijo el señor que ya que estaba allí que iba a coger unas naranjas. Vaya morro. Se fueron a regañadientes y se quedaron esperando en una vuelta del camino a ver si nos íbamos. Finalmente cogieron su coche y se fueron.

Me sigue sorprendiendo la jeta que mucha gente le echa a la vida. Supongo que porque soy un inocente. Es lo que hay.

3 comentarios:

Porerror dijo...

Vaya, tío, me has emocionado con este post, ver ahí esa foto y el título "La aduana", me ha dado un vuelco.

Curioso como mi experiencia de ese sitio es de segunda mano, nunca disfruté de sus placeres (sea asueto o fruta), y la última vez que lo visité fue en 1996, y ya estaba hecho polvo, o sea que no te digo nada...

Pero en mi memoria infantil, la Aduana se erige como un colosal Macondo o territorio mítico, de historias y leyendas de boca de mi madre, y por tanto queda indisolublemente ligada a mi propia historia (que si la abuelita no nos dejaba meternos en la alberca, que si le quitábamos fruta a la tía Sole, que si íbamos en bici con los primos Escribano...). En fin...

A mi madre (que te lee, aunque no comentará) seguro que le gusta el post.

Un saludo y nos vemos en diez días.

Alvaro Vazquez de la Torre dijo...

En mi caso La Aduana es un recuerdo más cercano, ya que allí tuvo lugar mi primera comunión, frecuentes visitas cuando era chico e incluso alguna noche de borrachera adolescente. Todavía guardo en mi cajón de los chismes las canicas de arcilla que encontré en la cochera, y que debieron pertenecer a los tíos.

Hoy es territorio virgen. La mala yerba cubre todo lo que podría ser recordado. Apenas sirve para que los rateros esquilmen los árboles. Me cuenta mi padre que el guarda de una finca cercana vio la moto de uno de ellos y le esperó. Cuando salía de La Aduana el guarda le preguntó qué hacía, y el chori le dijo 'De esa finca, de coger naranjas. Por cierto que a ver si le dice a los dueños que rieguen más los árboles, que la fruta está tan chica que casi no merece la pena entrar a por ella'.

Anónimo dijo...

Haberle preguntado al robaperas si en su infancia le apodaban "el canario"... ya sabes, el asesino siempre vuelve a ese lugar...