
Recomendada por algunos conocidos, me descargué el primer episodio de la serie Fringe, la última serie del creador de Perdidos (Lost). Hora y cuarto de historias sobre conspiraciones, corporaciones malignas y espionajes varios. Me dejó frío. Tanto como me dejó Expediente X, de la que apenas llegué a ver algún episodio suelto.
Si les das tiempo, estas series terminan quedándose sin argumentos (como sucedió con Lost, al menos hasta el final de la tercera temporada, mi récord en este sub-género), y se ven obligadas a retorcer los existentes, hasta llegar a un punto en que tratan de convencerte de que Papá Noel estaba tras el asesinato de Kennedy, o que los siete enanitos eran una secta de templarios afectados por siglos de endogamia.
Al final supongo que dar crédito a las teorías conspirativas lo tienes que llevar en la personalidad. Si creyera en instancias superiores que explican los pequeños misterios cotidianos me habría hecho cristiano. Lo que no consiguieron los curas en 12 años de colegio católico no lo va a conseguir Fringe.