
Ayer, mientras paseaba a las perras, unas marujillas burguesonas me preguntaron si un perrillo abandonado que alguien había dejado atado a una verja cercana era mío. Les dije que no, y les aconsejé que lo llevaran a la perrera, para ver si tenía el chip. Se horrorizaron con aquella posibilidad, ya que allí sacrifican a los animales que nadie reclama.
Hoy por la mañana me encontré al perrillo en el mismo sitio. Las marujas habían considerado más humano el desatar al perro y dejarlo allí. Llovía, hacía frío y no debía haber comido nada como mínimo desde el día anterior ya que se iba tras cualquiera que se le cruzara.
Volví a casa, cogí el coche y un mendrugo de pan, y busqué al perro. Se protegía malamente de la lluvia bajo un arbolillo. Huía de mí, así que desmigué el pan y se lo fui tirando cada vez más cerca mía. Finalmente me dejó cogerle, y junto con mi madre lo llevamos a la perrera de Sadeco. No atendían los sábados a partir de las dos. Tampoco había clínicas veterinarias donde dejarlo, así que nos lo trajimos a casa.
El lunes lo llevaremos de vuelta a la perrera. No creo que Chico (le llamo así) tenga chip alguno. Seguramente fue el regalo de Navidad para algún crío y este se cansó de él, o la familia decidió que después de todo no había sitio para uno más. Si no encuentran a nadie que lo adopte en una semana lo sacrificarán. Si alguien lee esto, y conoce quien quiera un perrillo abandonado, que se ponga en contacto por favor.
P.D.: La foto está tomada justo después de recogerlo, todavía mojado y hambriento. Ahora tiene algo mejor aspecto.