
Nunca llegué a hablar con mi prima Mercedes. Ella nació con un raro síndrome que la postró toda su vida en una silla de ruedas, y nunca tuvo consciencia. Sé que le gustaba que le dieran paseos, tomar el solecillo, y dice su hermano que le gustaba Julio Iglesias. Merceditas murió la semana pasada, a los 27 años.
Pese a que ella nunca cruzó una palabra con nadie en su vida, siempre tuve la extraña sensación de que me comunicaba algo. Ahora sé lo que era. Ella sacaba el lado amable de la gente. Todos éramos algo mejor en su presencia. Ahora que no está, supongo que el mundo es algo menos bueno. Descanse en paz.